Mari Pili es como llama, llamamos, Tamara y yo a ese alter ego que toda mujer de nuestra generación tiene dentro. Ése que te lleva a la duda y cuestionamiento constante, que te plantea que no eres suficiente... suficientemente independiente, suficientemente capaz, suficientemente culta, suficientemente inteligente, guapa, equilibrada, buena madre,... no eres suficiente. Y como no eres suficiente, accionas mecanismos de defensa o de auto-ataque que acaban llevándote donde no quieres. Actúas desde el miedo, no desde el amor a tí misma. Ésa es Mari Pili. Una cabrona machista de cuidado.
Con Mari Pili hay que aprender a convivir, porque no se va a ir nunca. Hay que aprender a detectar cuándo aparece, cuándo te habla y te intenta manejar... y abrazarla, calmarla, y decirle bajito y con mucha dulzura que la ves, pero no toca... No es necesario me hables. Yo ya sé quién soy, quién eres tú. Te veo. Me veo. Y decido. Decido no accionar, decido no creerte, decido decirte NO como tantas otras veces desde mi infancia te he dicho que sí. Yo y miles de mujeres. Sí soy suficiente. Sí me quiero. A tí también Mari Pili, porque eres parte de mí. Pero te abrazo y te calmo. No es ahí. No toca. No te valido.
Hace no mucho pusimos nombre (Óscar lo hizo) a mi nuevo alter ego: BUDAMER. Budamer es la "súper Mer", el gran ojo que todo lo ve y que maneja los hilos. En la metáfora del carruaje sería quien maneja las riendas, viéndolo todo e indicando hacia dónde quiere ir. Es esa Mer que ve a la Mer asustada y a la confiada, a la Mer sociable y a la que quiere cueva, a la que cree en ella y a la que se auto-sabotea, a la que perdona y a la que no olvida,... la súper Mer.
Esa Mer tiene un trabajo importante y muy difícil. Observar, escuchar, respirar y decidir. Decidir cuál de todas las Mercedes que intentan accionar, llevar el carruaje, quiere ser. Es la que se cuida, la que cuida de todas. O la que debería hacerlo al menos, porque no siempre puede. Y es que el trabajo de BudaMer es harto difícil. Porque lo que la emoción dice, lo que la Mer entusiasta y confiada grita que quiere por cada poro de su piel, es de tal intensidad, que acallarlo, decirle que NO, controlar la acción... es una empresa más que complicada. A veces imposible.
Es una batalla tremenda la que sostiene. Día tras día, hora tras hora. No es fácil, pero es la forma. Mirar de frente las distintas versiones de una misma y tener la templanza, corage y fuerza para decidir correctamente y sostenerlo en el tiempo. Sin culpa, sin exigencia, aceptando que no siempre se puede, que hay días que fallas, que escuchas a la otra Mer, a la tremendamente emocional, y accionas, y... No pasa nada. Lo estás haciendo bien. Esa Mer también eres tú y, como Mari Pili, siempre va a estar. Pero cada día la detectarás antes y te costará un poquito menos saber si es su momento o no. Y algún día, conseguirás que todas ellas estén en sintonía, porque en el proceso de no accionar habrás aprendido definitivamente lo que es mejor para tí. Desde el amor, no desde el miedo.
Bienvenida BudaMer. Te veo.