lunes, 10 de marzo de 2025

Mi nuevo alter ego

Mari Pili es como llama, llamamos, Tamara y yo a ese alter ego que toda mujer de nuestra generación tiene dentro. Ése que te lleva a la duda y cuestionamiento constante, que te plantea que no eres suficiente... suficientemente independiente, suficientemente capaz, suficientemente culta, suficientemente inteligente, guapa, equilibrada, buena madre,... no eres suficiente. Y como no eres suficiente, accionas mecanismos de defensa o de auto-ataque que acaban llevándote donde no quieres. Actúas desde el miedo, no desde el amor a tí misma. Ésa es Mari Pili. Una cabrona machista de cuidado.

Con Mari Pili hay que aprender a convivir, porque no se va a ir nunca. Hay que aprender a detectar cuándo aparece, cuándo te habla y te intenta manejar... y abrazarla, calmarla, y decirle bajito y con mucha dulzura que la ves, pero no toca... No es necesario me hables. Yo ya sé quién soy, quién eres tú. Te veo. Me veo. Y decido. Decido no accionar, decido no creerte, decido decirte NO como tantas otras veces desde mi infancia te he dicho que sí. Yo y miles de mujeres. Sí soy suficiente. Sí me quiero. A tí también Mari Pili, porque eres parte de mí. Pero te abrazo y te calmo. No es ahí. No toca. No te valido. 

Hace no mucho pusimos nombre (Óscar lo hizo) a mi nuevo alter ego: BUDAMER. Budamer es la "súper Mer", el gran ojo que todo lo ve y que maneja los hilos. En la metáfora del carruaje sería quien maneja las riendas, viéndolo todo e indicando hacia dónde quiere ir. Es esa Mer que ve a la Mer asustada y a la confiada, a la Mer sociable y a la que quiere cueva, a la que cree en ella y a la que se auto-sabotea, a la que perdona y a la que no olvida,... la súper Mer. 

Esa Mer tiene un trabajo importante y muy difícil. Observar, escuchar, respirar y decidir. Decidir cuál de todas las Mercedes que intentan accionar, llevar el carruaje, quiere ser. Es la que se cuida, la que cuida de todas. O la que debería hacerlo al menos, porque no siempre puede. Y es que el trabajo de BudaMer es harto difícil. Porque lo que la emoción dice, lo que la Mer entusiasta y confiada grita que quiere por cada poro de su piel, es de tal intensidad, que acallarlo, decirle que NO, controlar la acción... es una empresa más que complicada. A veces imposible. 

Es una batalla tremenda la que sostiene. Día tras día, hora tras hora. No es fácil, pero es la forma. Mirar de frente las distintas versiones de una misma y tener la templanza, corage y fuerza para decidir correctamente y sostenerlo en el tiempo. Sin culpa, sin exigencia, aceptando que no siempre se puede, que hay días que fallas, que escuchas a la otra Mer, a la tremendamente emocional, y accionas, y... No pasa nada. Lo estás haciendo bien. Esa Mer también eres tú y, como Mari Pili, siempre va a estar. Pero cada día la detectarás antes y te costará un poquito menos saber si es su momento o no. Y algún día, conseguirás que todas ellas estén en sintonía, porque en el proceso de no accionar habrás aprendido definitivamente lo que es mejor para tí. Desde el amor, no desde el miedo. 

Bienvenida BudaMer. Te veo.   

sábado, 8 de marzo de 2025

Acción poética

Este año no he despertado con mi monilla en su noveno cumpleaños... así que al clásico caminito de velas con su cartel luminoso final, le ha sustituido una "acción poética" en su ruta al cole... 

¡Por 9 años de magia y muNchos más! 

"Te quiero cambados" Carmela. 



viernes, 28 de febrero de 2025

El poema del NO

El poema del NO (Hugo Finkelstein)

 No.

No es no, y hay una sola manera de decirlo.

No.

Sin admiración, ni interrogantes, ni puntos suspensivos.

No, se dice de una sola manera.

Es corto, rápido, monocorde, sobrio y escueto.

No.

Se dice una sola vez, No.

Con la misma entonación, No.

Como un disco rayado, No.

Un No que necesita de una larga caminata o una reflexión en el jardín no es NO.

Un No que necesita de explicaciones y justificaciones, no es NO.

No, tiene la brevedad de un segundo.

Es un No, para el otro porque ya lo fue para uno mismo.

No es No, aquí y muy lejos de aquí.

No, no me deja puertas abiertas ni entrampa con esperanzas, ni puede dejar de ser NO, aunque el otro y el mundo se pongan patas arriba.

No, es el último acto de dignidad.

No, es el fin de un libro, sin más capítulos ni segundas partes.

No, no se dice por carta, ni se dice con silencios, ni en voz baja, ni gritando, ni con la cabeza gacha, ni mirando hacia otro lado, ni con símbolos devueltos; ni con pena y menos aún con satisfacción.

No es no, porque NO.

Cuando el No es NO, se mirará a los ojos y el No se descolgará naturalmente de los labios.

La voz del No, no es trémula, ni vacilante, ni agresiva y no deja duda alguna.

Ese No, no es una negación del pasado, es una corrección del futuro.

Y sólo quien sabe decir No puede decir Sí.




domingo, 16 de febrero de 2025

Amistad a los 40

Este modo relacional de la amistad tiene una característica excepcional que es, el acompañarnos con un deseo del bien que no pone el ego en el medio. 

Cada una tener aventuras separadas, vitales, y aventuras juntas que deseamos mucho. 

Las personas que son mis amigas ahora son personas que están preparadas para acompañar en casi cualquier circunstancia vital. Porque tienen un deseo de acompañar muy fuerte. 

Y quizá para mí la amistad es eso. El deseo de acompañarnos y de asombramos por los cambios y los accidentes y los eventos que viva la vida de las otras, y aprender juntas. 

Horas y horas de conversación donde ninguna da consejos ni ninguna llega a ninguna conclusión ni lo pretende. 

Es una búsqueda conjunta del saber.

Hemos visto cómo a través de los años los proyectos románticos monógamos de la familia en unos momentos funcionan y en otros fracasan, y el continuo son las amigas. 

Las amigas son familia. Y yo soy una afortunada por la mía. Os adoro. Gracias por ser, estar y acompañar. 

viernes, 24 de enero de 2025

Cómo sobrevivir al rechazo


Una de las necesidades básicas de todo ser humano es la sensación de pertenencia. No lo digo yo, ojo, lo dice Maslow, un tipo muy listo precursor de la psicología humanista que tanto ha condicionado el campo en el último siglo). 

Según él, la necesidad social o de pertenencia es la tercera necesidad después de las fisiológicas y las de seguridad: “pertenencia a un grupo, el ser aceptado por los compañeros, dar y recibir estima, etc.”. 


Así, cuando sentimos que somos rechazados (de forma objetiva o subjetiva, porque en realidad lo importante es la emoción que nos genera), se puede abrir una herida determinante en nosotros. Esto es debido a otra realidad intrínseca en el ser humano: la de que construimos nuestra identidad en base a las experiencias que vivimos: nos miramos según cómo somos mirados. Por eso, ser rechazados implica no sólo la privación de una necesidad básica, sino también un daño importante en la autoestima (recibiendo la lectura de no ser querida, no ser suficiente, no ser válida...). 

Y ¿por qué nos creemos eso? ¿Por qué instauramos esa creencia? Pues porque además de construir nuestra identidad a través del otro, en muchos casos además, vemos peligrar ese vínculo tan importante debido a ese rechazo (parcial o total a tu persona), y ante esa posibilidad acabas eligiendo inconscientemente la opción supuestamente menos dañina, la de responsabilizarte del rechazo: es mi culpa, tiene razón, soy así o asao, he hecho esto muy mal, me merezco este trato, etc. Es menos doloroso validar lo que piensan los demás de tí (e invalidar lo que tú piensas) que perder el vínculo. O eso cree nuestro cerebro homínido que aún recuerda que si no pertenece al grupo, muere. 

Además cuanto más íntimo es el vínculo con una persona, más vulnerable somos, con lo cual, más daño nos hace el rechazo. 

Y aquí estoy, procesando la teoría... Me gusta saber, entender, colocar,... pero ahora toca la práctica: ¿cómo sobrevivir al rechazo?



martes, 3 de diciembre de 2024

Mi problema, mi virtud

Mi problema es que quiero mucho. Quiero mucho y bien, o al menos lo intento. Soy humana, tengo taras e intento ser consciente de ellas. Soy dificil, complicada muchas veces y vivo con muchas contradiciones que intento comprender y atajar. A veces no es fácil. Entenderme no es fácil. Muchas veces me enrroco en la obsesión de comprender, de comprenderme. 

Mi problema es que perdono. Que siempre acaba pesándome más lo que siento, el cariño, el afecto, el AMOR, que todo lo demás. Que empatizo, que me pongo otros zapatos, que comprendo la complejidad del ser humano y las circunstancias que nos motivan a veces a hacer daño sabiendo o sin saber. Queriendo o sin querer. A veces, pocas veces, me pongo mis zapatos. Pero me cuesta. Más que ponérmelos, me cuesta dejármelos puestos. Posicionarme radicalmente. Es tan complicado. Me es muy complicado. 

Mi problema es que me pierdo. Me pierdo en el otro. En lo externo, y dejo de escucharme. Siento y siento, siento mucho, pero no cojo el toro por los cuernos y me escucho. Porque escucharse duele, duele demasiado. Mirar de cara al dolor. Tiene tanto que decirnos. Y es tan duro. Tan duro. 

Y de repente, cuando estoy absorvida por la tristeza, por la impotencia y la frustración; por no entender qué he hecho que sea tan mezquino que merezca un arduo castigo,.. Cuando yo misma comienzo a juzgarme, a castigarme, a maltratarme... de repente, me paro y me digo. AMOR. Quiero mucho, quiero bien, quiero tanto... Que eso debe prevalecer, ante todo, ante todos. Ante mí misma. 

Quiero, quieres, Mer. Sólo aférrate a eso. A querer. Piensa en él, en ella, es la de más allá. Siente el cariño por el que te escribe y pregunta, por el que no lo hace, por aquella a la que hace mucho no ves, por el que viste ayer y anteayer. Quiere, quiere Mer. Ésa es la clave. Al miedo, al odio, sólo les puede eso, el amor. Y tú tienes tanto... Agárrate fuerte a tu problema, a tu virtud, y quiere. Quiere mucho. También a tí. Quiere. QUiérelos. Quiérete. Tú puedes, porque sabes. 

Mi virtud.


sábado, 3 de septiembre de 2022

El miedo

Mientras almorzábamos hoy: 

A: -"Cuéntale a mamá eso tan interesante sobre el miedo". 

C: -"Ah, mamá, ¿tú te has fijado que no sabemos nada sobre el miedo?" M: - "Cómo que no sabemos nada... sí sabemos, ¿no?" 

C: -"Sí claro, sabemos que es una emocion, pero no sabemos por qué la tenemos, ni desde cuándo, ni para qué, ni..." 

M: -"Pero a ver, por ejemplo, yo tengo miedo a las avispas... Y les tengo miedo porque duelen..." 

C: -"Pero eso no es una razón. Las vacunas duelen pero yo no les tengo miedo. No tenemos miedo a todo lo que duele mamá" 

Y chimpum. Nos vuelves a dejar con las patad colgando. Y ahora tengo que pensar yo si de verdad me moriré sin saber por qué le tengo miedo a las avispas.