Sannyasin aprendiendo...
Aprendiendo a amar, aprendiendo a soñar, aprendiendo a crecer, aprendiendo a ser feliz, aprendiendo... a VIVIR.
miércoles, 31 de diciembre de 2025
Sobran Los Motivos
jueves, 13 de noviembre de 2025
Mi Hija en Mi Vida: ( Reflexión )
Desde el momento en que supe que venía en camino, mi mundo se reconfiguró. Dejé de ser solo "yo" para convertirme en "nosotras". La maternidad con ella me ha enseñado una paciencia que no sabía que poseía, una fuerza que desconocía y una capacidad de amar que supera cualquier límite imaginable. Cada etapa de su crecimiento ha sido un espejo en el que me he visto reflejada, y a menudo, desafiada a ser una mejor versión de mí misma.
Ella es mi maestra silenciosa. Con su curiosidad inagotable, me recuerda la maravilla de las cosas más simples. Con su resiliencia, me enseña a levantarme después de cada caída. Con su alegría espontánea, me invita a vivir el presente y a encontrar la belleza en lo cotidiano. Sus preguntas, a veces inocentes, a veces profundas, me obligan a reflexionar sobre mis propias creencias y a ver el mundo con ojos frescos.
Mi hija es mi mayor inspiración. Verla perseguir sus sueños, superar obstáculos y descubrir quién es, me llena de un orgullo que no tiene parangón. Su existencia me impulsa a ser un ejemplo de perseverancia, de bondad y de autenticidad. Quiero que vea en mí la mujer que ella puede llegar a ser, libre, fuerte y llena de amor.
Es también mi compañera incondicional. Compartimos risas que solo nosotras entendemos, secretos susurrados en la oscuridad y abrazos que curan cualquier herida. En sus ojos encuentro consuelo y en su presencia, una paz que pocas cosas pueden igualar. Ella es el eco de mi risa, el reflejo de mi esperanza y la melodía que acompaña mis días.
Pero, sobre todo, mi hija es la manifestación más pura del amor. Un amor que no pide nada a cambio, que se entrega sin reservas y que es capaz de mover montañas. Es el latido de mi corazón fuera de mi cuerpo, la razón por la que cada esfuerzo vale la pena y el recordatorio constante de que la vida es un regalo precioso.
Una hija no es solo una parte de mi vida; ella es el corazón que la impulsa, la luz que la ilumina y la razón por la que cada día tiene un significado más profundo y hermoso. Es, sin duda, el mayor tesoro que la vida me ha concedido.
-Créditos al Autor-
martes, 29 de julio de 2025
Espejos, manos y luces violetas
El dolor ajeno también nos duele. No es agradable. Hay que atajarlo, hay que cortarlo cuanto antes, drásticamente si es posible. Ceguera, ingenuidad, estupidez, adicción,... ¡Cuánta claridad cuando se está fuera! >>Si "sólo" hay que hacerlo, hazlo.<<
Donde otros ven obviedades, unos sólo ven trampa. Porque cuando no se está preparado para hacer algo, el hacerlo es un autoengaño, una trampa, y muy difícilmente no se regresará al punto de partida. Y volverá a doler, pero con la carga además de estar "fallando" al ajeno. No, hacer algo sin tenerlo claro, sin estar preparado, sin que el interruptor mental se haya activado, no sé si tiene mucho sentido.
Un buen acompañante te escucha, ante todo, te pregunta y te cuestiona desde la intención de que seas tú quien vea ciertas cosas. Que te plantees y replantees una y mil veces lo que sientes y piensas. No te enjuicia, al menos no en alto. Incluso hasta te entiende, entiende que estés ahí, y te coge de la mano, te abraza, y te dice que estará ahí a pesar de todo. >>Nosotras te sostenemos lo que te tengamos que sostener.<<. No estará de acuerdo, se frustrará por ver tu dolor, pero se quedará, a pesar de todo, esperando a que llegue el momento... tu momento.
Ésas son las manos que te devuelven la luz, aquellas a las que ves en el espejo, contigo, a tu lado, siempre. Sus cuerpos. Mis comadres. Mi espejo. GRACIAS.
lunes, 14 de julio de 2025
Guille y la química
O no. Quizá sea lo más fácil de digerir. Siempre vamos a lo fácil. Hace poco leía también (al final voy a tener que dejar de leer) algo como "escoge tu difícil"... Já. "Escoge tu difícil". ¿Pero eso qué mierda de sugerencia es? A veces el motor de Instagram no funciona todo lo bien que debiera. Estoy yo como para escoger difíciles ahora. No, nunca* lo hacemos, nos gusta siempre* ir a lo fácil. Y yo, al menos hoy, no soy una excepción a la norma.
* ¿hablé ya de las palabras mentirosas?
Parece ser que las hormonas nos gobiernan. Como si esas moléculas insulsas tuvieran la capacidad de pensar y decidir qué es lo que nos conviene. Se reúnen, hablan y se alientan o desaniman, incluso pisotean las unas a las otras provocando cambios (a veces desoladores) en sus "humanos conductores". El arcaico e inútil ya cortisol, se viene arriba, sin control, está en su pompa... cuando comienza el reto de la distancia. Y desde esa atalaya de superioridad disfruta viendo cómo, además de provocarnos ansiedad, insomnio y otra sintomatología maravillosa, su subida conlleva la bajada de la oxitocina y serotonina, que empequeñecen hasta hacerse casi imperceptibles. Sabe lo que viene ahora. Esos niveles laxos harán que nuestra concentración, relajación y bienestar dejen de acompañarnos, y con ello llegará la sintomatología depresiva. Y ojalá acabara aquí, pero no... con estas tres colegas en juego, tobogán "párriba"-tobogán "pabajo", llegan pisando fuerte, entre lianas volando, muy alto, la dopamina y norepirefrina, que por lo visto regulan nuestra sensación de felicidad y que se disparan cuando creen que está en juego, generando ansiedad y terminando de dar forma a un síndrome de abstinencia devastador.
Síndrome de abstinencia. Abstinencia. Y ahora tú, con ese maremágnum interno, tienes que respirar, venirte arriba, coger las riendas, y decirte a ti misma frases Mr. Wonderful del tipo a "no pasa nada", "todo está bien", "no es real", "no va a durar para siempre", "no eres tú, son tus hormonas", "vales mucho", y mierdas por el estilo que más que animar te dan ganas de vomitar. Porque sí, vale, te lo compro, "no hay mal que cien años dure" (el refranero español sí que mola), pero mientras dura... como dice Guille... "¿qué cuednoz se hace con el agujedito que ze ziente adentro?".
Otra lección. Yo creía que eso de estudiar se me había acabado con la plaza, pero se ve que no. "Nos morimos en construcción" - me dice Tamara cada poco. Afú con la construcción. Y no se podría una pedir, yo qué sé, por ejemplo... ¿ser una casa remolque de esas que ya están hechas y pones en cualquier lado? ¿o una autocaravana aunque sea? ¡una furgo? Lo que sea, pero que no haya que andar construyendo y deconstruyendo cada poco. Una mijita de paz quiero. ¿Eso se puede pedir para Reyes? Y si los Reyes son los padres... ¿se puede pedir eso a tu madre o a tu padre? Ahora, no cuando te gestaban, que ahí no había forma de comunicarse con ellos salvo que dieras el mensaje en morse con las "pataditas". En fin, desvaríos aparte. Toca otro aprendizaje, el de las herramientas para mimar ese agujedito que ze ziente adentro.
Mimarlo, no taparlo. Porque taparlo sería una huida hacia atrás. ¿O sería hacia delante?. No sé hacía dónde pero sería huida, y como toda huida, acaba, y normalmente no muy bien. Y aunque alguno de esos finales son maravillosos (me iba yo con Thelma y Louise sin dudarlo), creo que ahora mismo toca aprender de cara. Ya toca. Nada de huidas. Nada de apartar la mirada. Toca abrazar, acariciar al agujedito y esperar a que se cierre. Seguiremos estudiando. Seguiremos construyendo.
lunes, 10 de marzo de 2025
Mi nuevo alter ego
Mari Pili es como llama, llamamos, Tamara y yo a ese alter ego que toda mujer de nuestra generación tiene dentro. Ése que te lleva a la duda y cuestionamiento constante, que te plantea que no eres suficiente... suficientemente independiente, suficientemente capaz, suficientemente culta, suficientemente inteligente, guapa, equilibrada, buena madre,... no eres suficiente. Y como no eres suficiente, accionas mecanismos de defensa o de auto-ataque que acaban llevándote donde no quieres. Actúas desde el miedo, no desde el amor a tí misma. Ésa es Mari Pili. Una cabrona machista de cuidado.
Con Mari Pili hay que aprender a convivir, porque no se va a ir nunca. Hay que aprender a detectar cuándo aparece, cuándo te habla y te intenta manejar... y abrazarla, calmarla, y decirle bajito y con mucha dulzura que la ves, pero no toca... No es necesario me hables. Yo ya sé quién soy, quién eres tú. Te veo. Me veo. Y decido. Decido no accionar, decido no creerte, decido decirte NO como tantas otras veces desde mi infancia te he dicho que sí. Yo y miles de mujeres. Sí soy suficiente. Sí me quiero. A tí también Mari Pili, porque eres parte de mí. Pero te abrazo y te calmo. No es ahí. No toca. No te valido.
Hace no mucho pusimos nombre (Óscar lo hizo) a mi nuevo alter ego: BUDAMER. Budamer es la "súper Mer", el gran ojo que todo lo ve y que maneja los hilos. En la metáfora del carruaje sería quien maneja las riendas, viéndolo todo e indicando hacia dónde quiere ir. Es esa Mer que ve a la Mer asustada y a la confiada, a la Mer sociable y a la que quiere cueva, a la que cree en ella y a la que se auto-sabotea, a la que perdona y a la que no olvida,... la súper Mer.
Esa Mer tiene un trabajo importante y muy difícil. Observar, escuchar, respirar y decidir. Decidir cuál de todas las Mercedes que intentan accionar, llevar el carruaje, quiere ser. Es la que se cuida, la que cuida de todas. O la que debería hacerlo al menos, porque no siempre puede. Y es que el trabajo de BudaMer es harto difícil. Porque lo que la emoción dice, lo que la Mer entusiasta y confiada grita que quiere por cada poro de su piel, es de tal intensidad, que acallarlo, decirle que NO, controlar la acción... es una empresa más que complicada. A veces imposible.
Es una batalla tremenda la que sostiene. Día tras día, hora tras hora. No es fácil, pero es la forma. Mirar de frente las distintas versiones de una misma y tener la templanza, corage y fuerza para decidir correctamente y sostenerlo en el tiempo. Sin culpa, sin exigencia, aceptando que no siempre se puede, que hay días que fallas, que escuchas a la otra Mer, a la tremendamente emocional, y accionas, y... No pasa nada. Lo estás haciendo bien. Esa Mer también eres tú y, como Mari Pili, siempre va a estar. Pero cada día la detectarás antes y te costará un poquito menos saber si es su momento o no. Y algún día, conseguirás que todas ellas estén en sintonía, porque en el proceso de no accionar habrás aprendido definitivamente lo que es mejor para tí. Desde el amor, no desde el miedo.
Bienvenida BudaMer. Te veo.
sábado, 8 de marzo de 2025
Acción poética
Este año no he despertado con mi monilla en su noveno cumpleaños... así que al clásico caminito de velas con su cartel luminoso final, le ha sustituido una "acción poética" en su ruta al cole...
¡Por 9 años de magia y muNchos más!
"Te quiero cambados" Carmela.
viernes, 28 de febrero de 2025
El poema del NO
El poema del NO (Hugo Finkelstein)
No.No es no, y hay una sola manera de decirlo.
No.
Sin admiración, ni interrogantes, ni puntos suspensivos.
No, se dice de una sola manera.
Es corto, rápido, monocorde, sobrio y escueto.
No.
Se dice una sola vez, No.
Con la misma entonación, No.
Como un disco rayado, No.
Un No que necesita de una larga caminata o una reflexión en el jardín no es NO.
Un No que necesita de explicaciones y justificaciones, no es NO.
No, tiene la brevedad de un segundo.
Es un No, para el otro porque ya lo fue para uno mismo.
No es No, aquí y muy lejos de aquí.
No, no me deja puertas abiertas ni entrampa con esperanzas, ni puede dejar de ser NO, aunque el otro y el mundo se pongan patas arriba.
No, es el último acto de dignidad.
No, es el fin de un libro, sin más capítulos ni segundas partes.
No, no se dice por carta, ni se dice con silencios, ni en voz baja, ni gritando, ni con la cabeza gacha, ni mirando hacia otro lado, ni con símbolos devueltos; ni con pena y menos aún con satisfacción.
No es no, porque NO.
Cuando el No es NO, se mirará a los ojos y el No se descolgará naturalmente de los labios.
La voz del No, no es trémula, ni vacilante, ni agresiva y no deja duda alguna.
Ese No, no es una negación del pasado, es una corrección del futuro.
Y sólo quien sabe decir No puede decir Sí.

