El dolor ajeno también nos duele. No es agradable. Hay que atajarlo, hay que cortarlo cuanto antes, drásticamente si es posible. Ceguera, ingenuidad, estupidez, adicción,... ¡Cuánta claridad cuando se está fuera! >>Si "sólo" hay que hacerlo, hazlo.<<
Donde otros ven obviedades, unos sólo ven trampa. Porque cuando no se está preparado para hacer algo, el hacerlo es un autoengaño, una trampa, y muy difícilmente no se regresará al punto de partida. Y volverá a doler, pero con la carga además de estar "fallando" al ajeno. No, hacer algo sin tenerlo claro, sin estar preparado, sin que el interruptor mental se haya activado, no sé si tiene mucho sentido.
Un buen acompañante te escucha, ante todo, te pregunta y te cuestiona desde la intención de que seas tú quien vea ciertas cosas. Que te plantees y replantees una y mil veces lo que sientes y piensas. No te enjuicia, al menos no en alto. Incluso hasta te entiende, entiende que estés ahí, y te coge de la mano, te abraza, y te dice que estará ahí a pesar de todo. >>Nosotras te sostenemos lo que te tengamos que sostener.<<. No estará de acuerdo, se frustrará por ver tu dolor, pero se quedará, a pesar de todo, esperando a que llegue el momento... tu momento.
Ésas son las manos que te devuelven la luz, aquellas a las que ves en el espejo, contigo, a tu lado, siempre. Sus cuerpos. Mis comadres. Mi espejo. GRACIAS.
No hay comentarios:
Publicar un comentario