O no. Quizá sea lo más fácil de digerir. Siempre vamos a lo fácil. Hace poco leía también (al final voy a tener que dejar de leer) algo como "escoge tu difícil"... Já. "Escoge tu difícil". ¿Pero eso qué mierda de sugerencia es? A veces el motor de Instagram no funciona todo lo bien que debiera. Estoy yo como para escoger difíciles ahora. No, nunca* lo hacemos, nos gusta siempre* ir a lo fácil. Y yo, al menos hoy, no soy una excepción a la norma.
* ¿hablé ya de las palabras mentirosas?
Parece ser que las hormonas nos gobiernan. Como si esas moléculas insulsas tuvieran la capacidad de pensar y decidir qué es lo que nos conviene. Se reúnen, hablan y se alientan o desaniman, incluso pisotean las unas a las otras provocando cambios (a veces desoladores) en sus "humanos conductores". El arcaico e inútil ya cortisol, se viene arriba, sin control, está en su pompa... cuando comienza el reto de la distancia. Y desde esa atalaya de superioridad disfruta viendo cómo, además de provocarnos ansiedad, insomnio y otra sintomatología maravillosa, su subida conlleva la bajada de la oxitocina y serotonina, que empequeñecen hasta hacerse casi imperceptibles. Sabe lo que viene ahora. Esos niveles laxos harán que nuestra concentración, relajación y bienestar dejen de acompañarnos, y con ello llegará la sintomatología depresiva. Y ojalá acabara aquí, pero no... con estas tres colegas en juego, tobogán "párriba"-tobogán "pabajo", llegan pisando fuerte, entre lianas volando, muy alto, la dopamina y norepirefrina, que por lo visto regulan nuestra sensación de felicidad y que se disparan cuando creen que está en juego, generando ansiedad y terminando de dar forma a un síndrome de abstinencia devastador.
Síndrome de abstinencia. Abstinencia. Y ahora tú, con ese maremágnum interno, tienes que respirar, venirte arriba, coger las riendas, y decirte a ti misma frases Mr. Wonderful del tipo a "no pasa nada", "todo está bien", "no es real", "no va a durar para siempre", "no eres tú, son tus hormonas", "vales mucho", y mierdas por el estilo que más que animar te dan ganas de vomitar. Porque sí, vale, te lo compro, "no hay mal que cien años dure" (el refranero español sí que mola), pero mientras dura... como dice Guille... "¿qué cuednoz se hace con el agujedito que ze ziente adentro?".
Otra lección. Yo creía que eso de estudiar se me había acabado con la plaza, pero se ve que no. "Nos morimos en construcción" - me dice Tamara cada poco. Afú con la construcción. Y no se podría una pedir, yo qué sé, por ejemplo... ¿ser una casa remolque de esas que ya están hechas y pones en cualquier lado? ¿o una autocaravana aunque sea? ¡una furgo? Lo que sea, pero que no haya que andar construyendo y deconstruyendo cada poco. Una mijita de paz quiero. ¿Eso se puede pedir para Reyes? Y si los Reyes son los padres... ¿se puede pedir eso a tu madre o a tu padre? Ahora, no cuando te gestaban, que ahí no había forma de comunicarse con ellos salvo que dieras el mensaje en morse con las "pataditas". En fin, desvaríos aparte. Toca otro aprendizaje, el de las herramientas para mimar ese agujedito que ze ziente adentro.
Mimarlo, no taparlo. Porque taparlo sería una huida hacia atrás. ¿O sería hacia delante?. No sé hacía dónde pero sería huida, y como toda huida, acaba, y normalmente no muy bien. Y aunque alguno de esos finales son maravillosos (me iba yo con Thelma y Louise sin dudarlo), creo que ahora mismo toca aprender de cara. Ya toca. Nada de huidas. Nada de apartar la mirada. Toca abrazar, acariciar al agujedito y esperar a que se cierre. Seguiremos estudiando. Seguiremos construyendo.
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